Me han pasado unas cuantas cosas desde el 6 del 6, mi día nacional de la eurodecepción. Me han pasado un vuelo y estancia de un mes-curso de francés subvencionado por el INEM incluido- en Barcelona, unas cuantas lágrimas al dejar la casita kitsch con vistas al mar, unas cuantas desesperaciones al llegar a la capital del imperio a la caza y captura de una casa que nunca será mía, unas alargadas vacaciones con la familia, que ya tocaban, y un San Mateo hardcore que amenazó con derribarnos, pero no pudo, porque luchamos, a base de polvos mágicos (nunca lo que usted se cree, sin receta médica, de venta en farmacias), mágicos polvos y “a mi la resaca dame igual, que pa eso son 4 días al año…”
Me han pasado muchas cosas, y la más importante es que me voy de nuevo a la ciudad de las coles. Quizá-o seguro- no fuera la primera opción, seguro que-incomprensiblemente- me da mucho más miedo que la primera vez, quizá el amor después del amor, después del amor, después del amor (o las ciudades después de Berlín) no existan, y Bruselas, como las tochas del Campa, no pueda ser real.
Pero here we go! volveré a cagarmehastaenlaputamadrequeloparió con perdón, madrugando en sábado para ejercer de compradora compulsiva de tesoros vintage en Les Petits Riens, a pasar miedo en el Delirium (sí, queridos lectores, por muy borracha que una esté, siempre le ataca el recuerdo de una de esas bandejas asesinas cayendo al lado de su mesa y de haberse salvando, por poco, de una de las muertes más absurdas, belgas y alcohólicas de la historia), a correr por el Parc Leopold, que ya no será el Parc Leopold si no otro Parc que esté más cerca de mi nueva casa, y un largo etcétera del que espero dar buena cuenta en este, mi olvidado blog.
De momento escribo desde una buhardilla madrileña, a la espera del traslado a la buhardilla en bruselas-obra del mismo título que el libro que descansa en mi mesita de noche- y me reconcilio día a día con esta ciudad que en otoño, como mínimo, se pone sus mejores galas y te invita a disfrutar de estar, como dice mi compañero de viaje, donde todo pasa.
Algo va mal cuando a nadie, incluidos los políticos, le importa una mierda las elecciones al Parlamento Europeo. Algo están haciendo (desde hace mucho tiempo) mal los eurócatras (y sus euromaruj@s) cuando no son capaces de transmitirle a casi 500 millones de personas, la importancia que en su día a día tienen las decisiones tomadas desde Bruselas tres-semanas-al-año y desde Estrasburgo la que queda. Y algo estamos haciendo mal nosotros cuando nos empeñamos en rechazar, una vez tras otra, el tratado constitucional, o de Lisboa o el que sea, que no trata si no de simplificar ese magnifíco caos que es la Unión Europea.
El Parlamento Europeo nos importa mucho menos, según elpais.com que los líos de faldas-más bien de tetas y tangas- de ese italiano prototípico que es Silvio Berlusconi. El hecho de que Berlusconi sea Primer Ministro de Italia-más bien, el hecho de que Berlusconi fuera Primer Ministro de cualquier país- es el paradigma de la estupidez humana elevada a su máxima potencia. Mi capacidad de asombro con respecto a la política italiana no tiene límites.
Como tampoco los tiene con respecto a la política del país del jamón y la pandereta. Por esos esquemas tan simples que rigen la naturaleza humana, la gran mayoría de los viandantes acabamos clasificados en uno de los dos grupos que definen la política a nivel mundial: izquierda o derecha, rojos o azules, buenos o malos, malos o buenos. Aquí y en la tribu más perdida del continente asiático. Así que per se, el bipartidismo no es más que un reflejo de la naturaleza de una sociedad politizada, como lo están todas las sociedades, dado nuestro carácter de Zoon Politikon que decía un filósofo griego de cuyo nombre no quiero acordarme o más bien no me acuerdo. Hasta ahí no hay objeciones, su señoría. Pero una cosa es la lucha por el poder entre dos grupos mayoritarios que permiten a unos cuantos grupúsculos comerse las migas después de haberse repartido la tarta, y otra el patio de colegio que es el ruedo político ibérico, con su Zapatero y su Rajoy tirándose de los pelos y luchando por ver quién grita más alto “pues tú has hecho esto, esto y esto” o “yo no he siiiido” o “mamáááá, Jose Luis me quiere pegaaaaaaaar”. Y para no ser menos, Oreja Mayor y López Aguilar han hecho del debate sobre Europa un debate sobre ellos mismos, sus partidos, sus problemas personales y la misteriosa desaparición de una bolsa de canicas a la hora del recreo.
Así no me extraña que mis padres hayan dedicidido irse al pueblo en lugar de irse a las urnas, ellos, que no se pierden unas elecciones porque sufrieron demasiados años sin ellas. Y es que, como dice mi madre “a mi fia, es que estos dos señores ni me van ni me vienen, no sé a quién ni para qué estoy votando, y además, toy harta ya de que se peleen siempre por lo mismo”. Mami dixit.
El estado mental número 2 debería ser, si me ataño a los acontecimientos de los últimos días, una mezcla entre tedio, desidia, resaca y alarmante sensación de tempus fugit. Me voy de Berlín y soy consciente de la necesidad de grabar lugares, olores, sensaciones y gentes, a fuego en la frente (donde ya tengo tatuado un esquema enorme con las diferencias entre als y wenn). Y sin embargo, la vida tiene que seguir, uno tiene que levantarse por la mañana, hacerse la comida, lavar la ropa, seguir con la búsqueda de curro, hacer deporte, tomar cervezas con los amigos y un montón de rutinas más que también han dado forma a mi estancia en la capital del imperio teutón. Yo quería tener una lista de la que ir tachando cosas, para llegar a hacer, si no esas 365 cosas indispensables antes de irme, unas 15 o 20. Sin embargo, no consigo más que visitas frustradas y frustrantes a los museos y su isla, o entristecerme por la desaparición del punto de encuentro general, y uno de mis primeros símbolos berlineses, como era esa mezcla de kiosko y discoteca que se llama (ba) Hakuna Matata.
He dejado atrás tantas ciudades, metrópolis y pueblos, que me conozco de memoria lo que tiene que venir: en un par de semanas estaré de vuelta en la condal echando de menos a los revisores de la BVG y poder beber cervezas por la calle. Y me enfadaré conmigo misma por no haber sido capaz de disfrutar los últimos días, tan absorta en las rutinas y en los preparativos del viaje. Igual que ahora mismo echo de menos Barcelona, y me enfado conmigo misma por no haber visitado tal museo o ido a tal fiesta cuando los ingresos aún daban para permitirse esos pequeños lujos.
Supongo que uno se crea sus propios mecanismos contra la tristeza que da pensar lo rápido que pasa el tiempo, y la posibilidad de no volver a pisar nunca más Kastanien Allee, y se encierra en sus horarios y en sus “cosas que hacer” para no tener la sensación de que ya queda menos, de que hay que empezar a despedirse de la gente y de los tranvías. Si por mí fuera, seguiría haciendo lo mismo hasta el preciso día de irme, y no me despediría de nadie. Pero la Cami futura, la que estará en dos semanas en la condal enfadándose consigo misma por no haber sido capaz de disfrutar los últimos días y blablabla no me lo perdonaría, así que ahora, si me disculpan, me voy a pintar el ojo y salir a la calle a maldecir a toda la gente que tiene la suerte de tener un trabajo en la pobre pero sexy Berlín.
Perdón por la tristeza (Sabina dixit) y, ya de paso, por lo poco atractivo de una reflexión personal e intransferible.
Como hoy es viernes, y no consigo ir más allá del “Dear Mr.” o “Sehr geehrte Frau” en mi ronda diaria de bombardeo de cartas lanzadas a ese espacio sideral que es el mercadillo laboral, he decidido retomar el blog en busca de un poco de inspiración.
En un mes dejo Berlin (“Sie verlassen den deutschen Sektor”), y en lugar de estar en la calle diciendole un adiós a plazos, a historias cortas de Isherwood, estoy delante de un ordenador intentando hacerme un esquema lo más preciso posible de lo que va a ser de mi a partir del 22 de junio. Lo que no quiere decir, ni mucho menos, que haya comenzado a dibujar ni las líneas de dicho esquema. Más bien significa que me paso los días en negro delante de un papel en blanco en cuya parte de arriba pone “FUTURO” en negrita, a 14 y subrayado.
En realidad de lo que quiero hablar es de la precariedad laboral, de los números rojos en la cuenta del banco, de las distancias, los viajes y lo poco que mola hacerse mayor. Pero, como bien dice S., me quejo demasiado, y como bien dice L. que dice Churchill, “el éxito es saber encadenar los fracasos sin desesperarse”, así que, al menos para los propósitos de este blog, estoy aguantando la respiración y enfrentandome valientemente a lo que esté por venir. Aunque en realidad esté acojonada, como todo el mundo, y no dé crédito a la posibilidad, cada vez más cercana, de volver a casa de mis padres a engrosar el batallón de los desheredados por esta crisis de mierda que no se ceba con sus impulsores, si no con todos aquellos que no teníamos ni 10 años cuando ellos estaba en la cima de su carrera, encocados hasta las cejas y con la gomina como complemento insustituible. Pero de esto ya hablamos en el último post, así que a partir de hoy, declaro inaugurada la sección “Farewell to Berlin”, como dice Isherwood (muy recurrente el autor de “Historias de Berlin”), una ciudad que más que edificios, parques o gente, es un estado mental.
Pues como estado mental preferido de los últimos tiempos elijo el 1 de Mayo. El Ayuntamiento de Berlín ha adoptado como lema “Berlin.The place to be”, así, en inglés, que para eso estamos en un mundo globalizado en el que la gente a la que le cuesta entender la gracia de los carteles de “Visc à Barcelona” (al parecer, un juego de palabras entre vivir en barcelona y viva barcelona), pueda deleitarse con los lemas de ciudades cosmopolitas y decadentes como la capital del imperio teutón.
Bueno, que me lío. Berlin was the place to be, el sitio donde estar, sin duda, el primero de mayo. Y supongo que sería un sentimiento generalizado, por la adrenalina de las manifestaciones, los disturbios callejeros, asiento de primera fila en el meollo de la cuestión y sentirse rebelde cuanto te lanzan un gas pimienta que ni siquiera iba destinado a ti. Porque lo único rebelde que estás haciendo tú es tirar la ceniza al suelo mientras te bebes tu birra caliente de lata y t sonríes al ver como una señora mayor baila con un punki en la unión más paradigmática de los últimos tiempos.
Pero a la sensación de euforia generalizada, yo le añado la mía, el recuerdo de volver descalza como quien vuelve de la guerra, después de haber visto amanecer en una balsa tomando cervezas con L. Hizo mucho calor, y había tanta gente, tantas visitas, tan poco tiempo y un examen tan presente, que fueron unos días de stress maravilloso. Kottbusser Tor convertido por un día en el centro de la lucha política y no de la lucha policial contra las drogas (o el intento más o menos torpe), y Kreuzberg y su multiculturalidad (“es que mira que berlin es multikulti”) que fueron para esta provinciana de provincias burguesas, en centro del mundo por unos días.
Esta tarde volvemos a Kreuzberg a vivir la multiculturalidad llevada a sus útimos extremos en el “Karneval der Kulturen”.
Que alguien me vuelva a repetir por qué me voy de esta ciudad, porque todavía no lo tengo muy claro…
Kids, in 2009 i was in berlin and out of a job. However, it was the most wonderful time of my life. This is the story of how I met my life.
Chicos, en 2009 el mundo sufría la peor crisis económica desde 1929. Debido a un complejo mecanismo de interacción socio-económico global, que no os voy a explicar, porque ni yo misma lo entiendo, grandes empresas, bancos poderosos y un montón de puestos de trabajo se fueron, literalmente, a la mierda. Y qué mejor lugar donde estar en una situación tan crítica que en una de las ciudades con más paro de Europa: Berlín.
Berlín era la ciudad más apasionante, extraña, vibrante, multicultural y adicitva en la que había vivido. Ahora, como sabéis, no es sino una capital europea más, pero en 2009, 20 años después de la caída del muro (cómo que qué muro, el muro de berlín, por supuesto. Cómo que qué es el muro de Berlín? haré como si no hubiese escuchado esa pregunta), berlín era el sitio donde estar, el meollo de la cuestión, el centro de la movida. Tenía también un extraño poder de seducción para todos aquellos jóvenes y no tan jóvenes que se habían quedado sin trabajo, sin novia, sin amigos, sin su camiseta preferida engullida por la lavadora, o que hubieran vivido cualquier otra pequeña tragedia personal. Era un sitio donde empezar de nuevo, con muy poco dinero y rodeado de estímulos por todas partes.
Pero el trabajo escaseaba. Era difícil para los locales, cuanto más para nosotros, algunos de los cuales habíamos aterrizado sin saber una sola palabra de alemán… sin embargo, en esos meses sin trabajo, de no permitirse lujos, de meterse un idioma a calzador en la cabeza, yo no sobrevía, yo vivía. Y era feliz. Feliz en la ignorancia, todo sea dicho, de que una vez que acabara mis clases de alemán, de que hubieran pasado los seis meses marcados como “dedicación total y exclusiva al estudio de la lengua, costumbres y cervezas alemanas”, no encontraría trabajo, ni prácticas, ni nada remotamente relacionado con lo que había estudiado y/o remotamente remunerado.
Así que, chicos, a principios de mayo de 2009, vuestra madre no sabía dónde y de qué iba a vivir el mes siguiente. Pero no estaba sola. Le acompañaba una legión de amigos, conocidos y desconocidos que estaban tan perdidos como ella. Ahora los llamo “La generación perdida”: cientos y miles de jóvenes sobrecualificados, cuyos conocimientos dejarían en ridículo a la plana mayor de los políticos de esta una grande y libre, perdidos en el estupor de verse sin trabajo. Jugaban con los cliks cuando Wall Street empezó a ser el Wall Street de las películas de los 80, cuando todo ese montón de yuppies en-cocainados comenzaban a plantar los cimientos para la caida más estrepitosa del capitalismo desde que el mundo es mundo. Jugaban en las obras de todos los pisos que los especuladores construían a finales de los 90, en cualquier ciudad de cualquier lugar de España, y vieron a sus hermanos mayores llorar de rabia durante la “crisis”- ríete tú de esa crisis- del 93. Se creyeron eso de que a ellos nunca les pasaría algo así, porque España empezó a despegar, porque España iba bien, y ellos ya eran europeos por derecho propio. Se engancharon a vivir fuera gracias al programa Erasmus en un 20% y a los ahorros de papá y mamá en un 80% (“porque ahora nos lo podemos permitir, porque las cosas van muy bien, porque tú vas a tener la mejor formación”). Por eso les resultó mucho más dificil de asimilar, carecían del escepcticismo de sus hermanos mayores y les sobraba confianza en sí mismos y, en muchos casos, arrogancia.
Como todos, yo buscaba diversos antídotos contra la crisis, la de verdad y la de mi cabeza. Para esta última me prescribía amigos, alguna que otra cerveza, correr y correr sin ningún sentido y “Como conocí a vuestra madre”. Éstas dos últimas cosas resultaron ser un inesperado clavo ardiendo de cordura en medio del temporal.
Pero chicos, como decía Einstein, el progreso no tendría sentido sin las crisis que nos hacen replantearnos las bases de lo que somos. Y, como sabéis, la cosa empezó a mejorar en (inaudible) y yo me trasladé a (inperceptible). Lo que os cuento ahora es la historia de cómo conocí (de nuevo) a mi vida:
La falta de acontecimientos remarcables, y no el haber sido devorada por un monstruo de los que habitan en las profundidades de los lagos berlineses, es la razón por la que llevo unas cuantas semanas de abandono bloggero. Supongo que el sol, el calor, las vacaciones, las visitas, la búsqueda frenética y frenopática de trabajo y las demás nimiedades de la vida cotidiana también habrán tenido algo que ver.
Pero en breves-cuando el cangureo y el estudio me lo permitan- volveré da dar el coñazo con mis infravalorados (juas) escritos .
He tenido que buscarlo en el Google para cerciorarme, pero sí, Maleni está en Siberia. Aprendiendo a gestionar el transporte cuando nieva. En Siberia señores. Nada menos.
La palabra Siberia está para mi indefectiblemente unida a la palabra “Camisermiseta”, que es una cosa que no existe, pero que siempre me ha hecho muchísima gracia. Tanta que cada vez que alguien dice “Siberia” (algo que no pasa muy a menudo, todo sea dicho), yo contesto “Os voy a mandarrrrr a Siberiaaaaa en Camiserrrrrmiseta”. Diez años debía tener cuando leí el cómic de Mortadelo y Filemón (ojo al dato, en Alemania se llaman ”Clever und Smart”) donde el Súper los mandaba a ”Siberiaaaa en Camiserrrrrrrmiseta” y todavía no se me ha olvidado.
Pues parece ser que Maleni, que había venido haciendo méritos para ganarse el premio de ”Mortadela” (si la otra puede decir Miembra, yo digo Mortadela como femenino de Mortadelo, hombre ya) o “Filemona” del año, al final se lo ha llevado, como Penélope-cara-de-pato-y-no-de-conejo-Cruz. Y su Súper particular, el señor de las cejas, ZP, ha cumplido su amenaza y la ha mandado a Siberia, en Camisermiseta, a aprender a gestionar nevadas.
Y ahora en serio, al margen de partidos políticos, ideologías varias y demás corrupciones cotidianas, tenemos el país-y, por cierto, también la Universidad- que nos merecemos. A nadie más le parece como de broma o de sketch de Martes y Trece el hecho de que Maleni esté en Siberia? a lo mejor es una estratagema del lobby de los humoristas, que han presionado al Gobierno para que les proporcione situaciones reales con las que hacer sus shows y así evitar tener que inventárselas.
De todas formas, a ver si cuela: señor Zapatero, oiga, aquí, un poco más arriba, sí, en Berlín, eso, hola, verá, que yo busco trabajo y se me había ocurrido que a lo mejor, por eso de que aquí nieva mucho y demás, y que las cosas siguen funcionando cuando pasa, y eso, no sé, había pensado, que igual, sólo si a usted le parece bien, me podía contratar como asesora de la Menestra de Fomento, que yo le monto unos Headquarters aquí en un momento, recluto a unas cuantas leyendas urbanas de esas que se han ido de España porque les sobrepasaba la oferta laboral y necesitaban relajarse, y hacemos una Comisión de Seguimiento del Mal Tiempo.
La cosa funcionaría más o menos así: nos sentaríamos en un bar con buenas vistas a beber cerveza y observar el comportamiento de los alemanes cuando nieva, cuánta gente resbala por el hielo, cuántos beben sin parar para sobrellevar el invierno, cuántos tienen las manos moradas porque han olvidado los guantes en casa. Anotaríamos concienzudamente los retrasos del metro, las cancelaciones de vuelos y los problemas que se dieran en las redes de la Deutsche Bahn. Luego, acompañados de la subsiguiente Comisión para el seguimiento del Buen Tiempo alemana, viajaríamos a la Península, preferiblemente a Mallorca (por eso de que nuestros colegas teutones no se sientan demasiado lejos de casa, y sean, así, lo más eficiente posible), para hacer un estudio comparado sobre la situación de calor extremo, y asesorar a la Comisión alemana sobre la gestión del transporte, y de la vida en general, a 40 grados a la sombra, aunque para eso, señor Presidente, igual nos tendría que pagar un viajecito relámpago a Sevilla en pleno Agosto.
Finalmente en un desplazamiento subvencionado a La Haya, por ejemplo, nos reuniríamos con un comité de expertos en cambio climático para valorar las posibilidades de que, en los años, o meses, o días, que le restan a Maleni en el Ministerio de Fomento, el planeta se enfriara de tal manera que España llegara a soportar los -40 grados habituales de Siberia.
Seguramente llegaríamos a la conclusión de que, como en España las nevadas intensas son bastante infrecuentes, cuando se dan, es bastante comprensible que “pasen cosas”, y que, como en Alemania, o en Siberia, o en el Norte de Europa en general, los 40 grados a la sombra son bastante infrecuentes, cuando se dan, es bastante comprensible que también “pasen cosas”, como aquéllas del verano de ¿2003?
Pero no adelantemos acontecimientos, que, así a groso modo, asegurar esta conclusión sin ningún tipo de dudas nos llevará unos dos años aproximadamente. Y así de paso, reduce usted la tasa de paro entre los licenciados menores de 30 años, eh, qué le parece, dos pájaros de un tiro…
A la espera de su respuesta, quedamos a su entera disposición.
Me gustan los viernes tanto como el color del cielo cuando ha hecho sol y va anocheciendo, aunque haga frío, como ahora, aunque desde mi ventana no pueda verse, pero si intuirse, la nieve que cubre Berlín.
Me gustan los viernes y el color del cielo cuando ha hecho sol y va anocheciendo porque no son sólo momentos, si no más bien experiencias de anticipación o deseo o esperanza o anhelo de lo que está por venir (el fin de semana que nunca es tan bueno como parece el viernes por la tarde, el calor y las noches de verano que echamos de menos en la distancia del invierno, en la distancia geográfica, también, pero de las que aborrecemos cuando toca dormir y trabajar, dormir y trabajar)
Como-casi-todos odio sin mesura los domingos, los lunes y, a veces, ese engaño cruel que son los jueves. Como yo sola, odio las 5 de la tarde, será la reminiscencia británica, y tampoco me llevo demasiado bien con las horas laborables que transcurren entre la comida y las 5 de la tarde. Las 7 las sobrellevo, las 8 suelen ser promesa de vino con amigos o buenos programas de radio, y la noche y yo siempre hemos sido colegas.
Y me gustan los inviernos, sí, me gustan, qué le voy a hacer, será la herencia asturiana, pero los inviernos a veces no dan tregua y se convierten en calvarios de oscuridad y “abwarten” y “tee trinken” que me hacen, como ahora, implorarle al Dios alemán de las estaciones del año (de nuevo, Dios y alemán, nombre impronunciable sin dudarlo) que por favor tome cartas en el asunto y nos ponga en rebajas un deshielo rapidito.
Y, todavía un “y” más, en los inviernos largos y oscuros, a veces me gusta ponerme triste y escuchar canciones tristes y pensar lo triste que es todo, y lo tristes que estamos todos, y qué tristeza, qué tristeza, qué vida más triste. Por eso el sábado me acordé de mis tristes cursis favoritos y me saqué del youtube-que no de la manga- “Enero en la playa”, de Facto de la fé y sus cursis azules, que es una canción más que adecuada para este enero-febrero tan lejos del mar.
Peeero, como hoy es martes y ya queda menos para la experiencia sensorial del viernes, quiero compartir con ustedes el último descubrimiento de L., que se llama Soko, y es un canto a todo lo que siempre quisiste decir y nunca te atreviste, versión mujeres independientes. Especial mención merecen “My Ex-Boyfriends”
Y, la gran favorita del público, “I’ll Kill her” .
Para todos aquellos que “procedan” de ver el vídeo-leer la letra de la canción, paso amablemente a transcribirla porque no tiene desperdicio.
so, of course, you were supposed to call me tonight
you were supposed to call me tonight
we would have gone to the cinema
and, after, to the restaurant, the one you like in your street
we would have slept together, have a nice breakfast together
and then a walk in a park together, how beautiful is there!
you would have said “i love you” in the cutest place on earth
where some lullabies are dancing with the fairies
i would have waited like a week or two
but you never tried to reach me
no, you never called me back
you were dating that bleach-blonde girl
if i find her, i swear, i swear…
i’ll kill her, i’ll kill her
she stole my future, she broke my dream
i’ll kill her, i’ll kill her
she stole my future when she took you away
i would have met your friends, we would have had a drink or two
they would have liked me, ’cause sometimes i’m funny
i would have met your dad, i would have met your mum
she would have said “please, can you make some beautiful babies?”
so we would have had a boy called tom and a girl called susan, born in japan
i saw it was a love story, but you don’t want to get involved
i saw it was a love story, but you’re not ready for that …
me neither. i’ll kill her
she stole my future, she broke my dream
i’ll kill her, i’ll kill her
she stole my future when she took you away
she’s a bitch you know, all she’s got is blondeness
not even tenderness, yeah, she’s cleverless
she’ll dump your arse for a model called brendan
he will pay for beautiful surgery ’cause he’s full of money
man, i told you, you know, if i find her,
i really, i, i mean, i’ll kill her, for real!
it’s like for sure, you have to know, uh,
i mean, you know, i can do it, man,
i’ll kill her.
Y la que no haya pensado esto alguna vez en su vida que tire la primera piedra. Yo también la hubiera matado.
odio odio odio odio odio odio (hasta el infinito y más allá-TM-) San Valentín, qué cosa más empalagosa, comercial y omnipresente.
¿Cuándo se convirtió “¿qué vas a hacer en San Valentín?” en un tema de conversación tipo “¿qué vas a hacer en nochevieja o dónde estabas cuando lo de las torres gemelas?”. En serio, ¿a la gente le parece bien que el corte ingles, el kdw o su puta madre les diga cuándo tienen que organizar cosas supuestamente románticas con sus parejas? estoy empezando a elaborar una teoría que se basa en que la gente es idiota. Ah no, no, ésa era otra. La de san valentín se basa en que la gente es idiota y que además le encanta sentirse superior al resto de la manada. Aunque sentirse superior se base en algo tan tremendamente subjetivo como es tener a alguien con quien celebrar pasteladas repugnantes del tipo valentinestag.
Hala, llamádme tópica, solterona, lesbiana, amargada, insensible o lo que queráis. Al final, gracias al santo pesado este, una se va a ganar algo de pasta mañana. Y eso, para mí y en este momento es mil veces mejor que un ramo de flores.
Aunque fueran de Innnnnteeeeeerflora (4 años de felicidad…). Cripticismos de viernes tarde.
ahora que ya nada se puede hacer sólo queda digerir la rabia ciega-rabia inútil, rabia idiota, sólo es rabia- y esperar que un milagro divino permita que el grandísimo hijodeputa-cuyo-nombre-no-desvelaremos-por-razones-de-privacidad goce de muchísima salud en la cárcel. No hay peor muerte que la muerte en vida. Ojalá no tenga que desaprenderlo en menos de 5 años
Y no hay Biblias ni Códigos Penales, si los castigos humanos y divinos no sirven de nada, (será el caso), valga la conciencia de verdugo perenne y no vuelvas a ver la luz del sol. Quédate ciego por dentro, que vacío ya estás y pese en tus sueños y pesadillas el breve instante de ira que ha destrozado su vida, sus vidas, los recuerdos de todos. Seas tú mismo el castigo más duro, la pena más grande. Oigas el murmullo de un niño que llora y trates sin éxito de acallarlo en tu mente.
Seas tú mismo el castigo más duro, la pena más grande…