Chasing Almacigas

I'm Camino Mortera, and I think and write on the EU, internal security, migration, counter-terrorism, Sundays in Berlin, yellow skirts and blue skies. In English, Spanish and (sometimes), French

Polonia I: Auschwitz

Justo al doblar la esquina de mi casa, en dirección a la parada de Bernauer Strasse, hay un edificio custodiado 24/7 por la policía alemana. Da igual que nieve, llueva o haga un sol de justicia, una pareja de fornid@s hombres o mujeres guardan día y noche su entrada. Sé que el edificio tiene algo que ver con los judíos, pero no me pregunten si es una asociación, una sinagoga, un club social o un mero lugar de reunión. La cuestión es que son judíos. Y yo, desde mi españolidad, no llegaba a entender por qué un lugar así ha de estar vigilado constantemente.

Creo que después de haber visitado Auschwitz empiezo a comprender.

La autopistas holandesas no se parecen a ninguna de las que he visto en mis 26 años. Más que autopistas, parecen discotecas, de iluminadísimas que están. Pero a los holandeses no les cuesta ni un duro. Deutschland zahlt, Alemania paga. Es parte de un acuerdo post II Guerra Mundial. Y yo, desde mi españolidad, no llegaba a entender por qué los alemanes tenían que pagarle la luz a los holandeses.

Creo que después de haber visitado Auschwitz empiezo a comprender.

Y la lista de situaciones súbitamente aclaradas sería interminable: la mala conciencia de Alemania, el sentimiento perenne de culpa, la omnipresencia de los campos de concetración en las obras literarias, cinematográficas y artísticas de la segunda mitad del S.XX…

Porque no hay nada, ni dinero, ni recuerdos, ni homenajes, ni museos, que pueda compensar, siquiera por aproximación, el infierno por el que tuvieron que pasar millones de personas, sólo por el hecho de ser judíos, al principio, sólo por el hecho de ser gitanos, homosexuales, extranjeros, más tarde, sólo por el hecho de ser diferentes del patrón febrilmente establecido por un grupo de hombres y mujeres con los esquemas morales totalmente pervertidos, al final.

El territorio que ocupa el antiguo campo de concentración “KL Auschwitz I” es lo más parecido al infierno sobre la tierra que una servidora ha tenido el “placer” de experimentar. Imaginen cualquier película sobre el Holocausto, el frío polar, el cielo gris plomo, los árboles deshojados, los barracones, todos iguales, pero todos diferentes, en cuanto en cada uno se llevaban a cabo atrocidades mayores, las alambradas, las torres de vigilancia, la explanada interminable, las luces parpadeantes. El campo es todo eso más el sentimiento profundo de tristeza que invade al visitante al cruzar la entrada, en cuya valla puede leerse un irónico “Arbeit macht frei”, el trabajo hace libre.

Y son cientos, o miles, los pares de ojos que te miran desde la pared, desde las fotografías de los prisioneros, los que no sobrevivieron y los que ya se han muerto, de viejos, de vuelta en sus casas. Y cada mirada te cuenta una historia, la del judío rico que mira a la cámara desafiante, porque no está acostumbrado a que le den órdenes. O la del húngaro que sonríe pues le han prometido tierras en territorio próspero, y sabe bien que su paso por el campo no es más que un mero trámite (está seguro de si mismo, y a una no le cuesta imaginar cuánto tardaría la Gestapo en borrarle a golpes la sonrisa franca). Y están los ojos que te perseguirán toda la vida, como los de esa mujer entrada en años que posa con una mezcla de infinita tristeza y terror, con una expresión que la abajo firmante no había visto en su vida, en toda su vida de burguesa acomodada del siglo ventiuno.

Para qué contar más, si lo único útil sería traspasar la pantalla e inocular, con un toque al lector, la vacuna de sentimientos de angustia, desesperación, horror, frustración y culpa que le invaden a uno cuando pisa KL Auschwitz. Y, al abandonarlo, se reafirma uno en su convicción de la maldad intrínseca del ser humano, del “Homo hominis lupus est”, pues no hay peor enemigo que aquél que se recocija en el sufrimiento de su víctima, y eso, me temo, es una condición que sólo atañe a la raza humana, a nosotros, tan avanzados, tan racionales, tan supervivientes.

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6 responses to “Polonia I: Auschwitz

  1. laespumadelosdias December 11, 2008 at 2:48 pm

    Se me han puesto los pelos de punta, te lo juro.

  2. Euqirneto December 11, 2008 at 2:53 pm

    Me gusta mucho cómo lo has contado. Impresiona mucho ver aquéllo en directo, desde luego, ya sólo con verlo, sin que el guía tenga que contarte nada de lo que allí pasaba…

  3. Cova December 11, 2008 at 9:30 pm

    Buf Cami… Me has dejado tocadisima. Es acojonante lo bien que escribes.

  4. ANA December 12, 2008 at 9:05 am

    ESTOY CON COVA
    UN BESO

  5. chasingalmacigas December 13, 2008 at 3:34 pm

    gracias mil!

  6. txe December 15, 2008 at 10:04 am

    el estado de israel cayó en una tremenda crisis financiera tras ser fundado. Ben Gurión tuvo que cobrar a los alemanes (gobernaba Adenauer) un pastizal de indemnización y así consiguieron levantar el chiringo, con el dinero de sus verdugos. Para hacer algo parecido, claro.

    Saludos

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