Chasing Almacigas

I'm Camino Mortera, and I think and write on the EU, internal security, migration, counter-terrorism, Sundays in Berlin, yellow skirts and blue skies. In English, Spanish and (sometimes), French

Monthly Archives: June 2009

Eurodecepción

Algo va mal cuando a nadie, incluidos los políticos, le importa una mierda las elecciones al Parlamento Europeo. Algo están haciendo (desde hace mucho tiempo) mal los eurócatras (y sus euromaruj@s) cuando no son capaces de transmitirle a casi 500 millones de personas, la importancia que en su día a día tienen las decisiones tomadas desde Bruselas tres-semanas-al-año y desde Estrasburgo la que queda. Y algo estamos haciendo mal nosotros cuando nos empeñamos en rechazar, una vez tras otra, el tratado constitucional, o de Lisboa o el que sea, que no trata si no de simplificar ese magnifíco caos que es la Unión Europea.

El Parlamento Europeo nos importa mucho menos, según elpais.com que los líos de faldas-más bien de tetas y tangas- de ese italiano prototípico que es Silvio Berlusconi. El hecho de que Berlusconi sea Primer Ministro de Italia-más bien, el hecho de que Berlusconi fuera Primer Ministro de cualquier país- es el paradigma de la estupidez humana elevada a su máxima potencia. Mi capacidad de asombro con respecto a la política italiana no tiene límites.

Como tampoco los tiene con respecto a la política del país del jamón y la pandereta. Por esos esquemas tan simples que rigen la naturaleza humana, la gran mayoría de los viandantes acabamos clasificados en uno de los dos grupos que definen la política a nivel mundial: izquierda o derecha, rojos o azules, buenos o malos, malos o buenos. Aquí y en la tribu más perdida del continente asiático. Así que per se, el bipartidismo no es más que un reflejo de la naturaleza de una sociedad politizada, como lo están todas las sociedades, dado nuestro carácter de Zoon Politikon que decía un filósofo griego de cuyo nombre no quiero acordarme o más bien no me acuerdo. Hasta ahí no hay objeciones, su señoría. Pero una cosa es la lucha por el poder entre dos grupos mayoritarios que permiten a unos cuantos grupúsculos comerse las migas después de haberse repartido la tarta, y otra el patio de colegio que es el ruedo político ibérico, con su Zapatero y su Rajoy tirándose de los pelos y luchando por ver quién grita más alto “pues tú has hecho esto, esto y esto” o “yo no he siiiido” o “mamáááá, Jose Luis me quiere pegaaaaaaaar”. Y para no ser menos, Oreja Mayor y López Aguilar han hecho del debate sobre Europa un debate sobre ellos mismos, sus partidos, sus problemas personales y la misteriosa desaparición de una bolsa de canicas a la hora del recreo.

Así no me extraña que mis padres hayan dedicidido irse al pueblo en lugar de irse a las urnas, ellos, que no se pierden unas elecciones porque sufrieron demasiados años sin ellas. Y es que, como dice mi madre “a mi fia, es que estos dos señores ni me van ni me vienen, no sé a quién ni para qué estoy votando, y además, toy harta ya de que se peleen siempre por lo mismo”. Mami dixit.

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Farewell to Berlin: estado mental número 2

El estado mental número 2 debería ser, si me ataño a los acontecimientos de los últimos días, una mezcla entre tedio, desidia, resaca y alarmante sensación de tempus fugit. Me voy de Berlín y soy consciente de la necesidad de grabar lugares, olores, sensaciones y gentes, a fuego en la frente (donde ya tengo tatuado un esquema enorme con las diferencias entre als y wenn). Y sin embargo, la vida tiene que seguir, uno tiene que levantarse por la mañana, hacerse la comida, lavar la ropa, seguir con la búsqueda de curro, hacer deporte, tomar cervezas con los amigos y un montón de rutinas más que también han dado forma a mi estancia en la capital del imperio teutón. Yo quería tener una lista de la que ir tachando cosas, para llegar a hacer, si no esas 365 cosas indispensables antes de irme, unas 15 o 20. Sin embargo, no consigo más que visitas frustradas y frustrantes a los museos y su isla, o entristecerme por la desaparición del punto de encuentro general, y uno de mis primeros símbolos berlineses, como era esa mezcla de kiosko y discoteca que se llama (ba) Hakuna Matata.

He dejado atrás tantas ciudades, metrópolis y pueblos, que me conozco de memoria lo que tiene que venir: en un par de semanas estaré de vuelta en la condal echando de menos a los revisores de la BVG y poder beber cervezas por la calle. Y me enfadaré conmigo misma por no haber sido capaz de disfrutar los últimos días, tan absorta en las rutinas y en los preparativos del viaje. Igual que ahora mismo echo de menos Barcelona, y me enfado conmigo misma por no haber visitado tal museo o ido a tal fiesta cuando los ingresos aún daban para permitirse esos pequeños lujos.

Supongo que uno se crea sus propios mecanismos contra la tristeza que da pensar lo rápido que pasa el tiempo, y la posibilidad de no volver a pisar nunca más Kastanien Allee, y se encierra en sus horarios y en sus “cosas que hacer” para no tener la sensación de que ya queda menos, de que hay que empezar a despedirse de la gente y de los tranvías. Si por mí fuera, seguiría haciendo lo mismo hasta el preciso día de irme, y no me despediría de nadie. Pero la Cami futura, la que estará en dos semanas en la condal enfadándose consigo misma por no haber sido capaz de disfrutar los últimos días y blablabla no me lo perdonaría, así que ahora, si me disculpan, me voy a pintar el ojo y salir a la calle a maldecir a toda la gente que tiene la suerte de tener un trabajo en la pobre pero sexy Berlín.

Perdón por la tristeza (Sabina dixit) y, ya de paso, por lo poco atractivo de una reflexión personal e intransferible.