Chasing Almacigas

I'm Camino Mortera, and I think and write on the EU, internal security, migration, counter-terrorism, Sundays in Berlin, yellow skirts and blue skies. In English, Spanish and (sometimes), French

Los nuevos esclavos y la gente lista

Últimamente me paso el día hablando de trabajo, de la crisis, de política, de Lady Ashton y Solana, como referentes de la cultura pop-bruselas de estos, vuestros aburridos jóvenes burócratas. También hablo de lo mal que están las cosas, chica, y a veces de hipotecas y bodas, y niños y perros ajenos. Será por esto de que nos hacemos mayores, y todos tenemos un trabajo al que ir el lunes por la mañana (todos, no, un puñado de indestructibles parados resiste en la pequeña aldea de Bruselorum), y nos preocupan las facturas, nuestras carreras y la vida de Belén Esteban. Pero como decía no sé quién, siempre habrá alguien más delgada y más rica que una, y por supuesto siempre habrá alguien más listo, como Elvira Lindo o David Rennie (que es más listo que nadie). Así que, dejando que los mejores de la clase expresen las ideas que una tiene pero de forma mucho más clarividente, os invito a leer este artículo de un señor (probablemente chico) del que no había oido hablar en mi vida, pero que pasa a formar parte de mi olimpo particular de gente lista:

BORJA VILASECA Carreras & capital humano

Explotación remunerada

BORJA VILASECA  14/03/2010

 “Nadie es más esclavo que quien falsamente cree ser libre” (Johann W. Goethe)

En consultoras, auditoras y despachos de abogados, los jóvenes trabajan de sol a sol, aunque su contrato estipule otra cosa

Cuando los ejecutivos escalan a la cima de la organización reproducen las prácticas nocivas que vivieron anteriormente

 

Para millones de españoles hoy es un día triste: mañana vuelve a ser lunes. A primera hora sonará el despertador y se levantarán de la cama a regañadientes para ir a trabajar, entrando en una rueda de la que no saldrán hasta el viernes por la tarde. Y dado que las empresas siguen creyendo que la “gestión tóxica” de sus colaboradores es la más eficiente para multiplicar sus tasas anuales de crecimiento y lucro, para muchos la palabra “trabajo” sigue siendo sinónimo de “obligación”, “monotonía”, “cansancio”, “aburrimiento” y “estrés”.

De hecho, la gran mayoría de la población activa española trabaja porque no le queda más remedio. Es una simple cuestión de supervivencia económica. Por medio del control del capital, que se traduce en el pago de salarios a finales de cada mes, las empresas se han convertido en las instituciones predominantes de nuestra era. No sólo condicionan y limitan nuestro estilo de vida, sino que son dueñas de nuestro tiempo y de nuestra energía. Incluso hay quien dice que la esclavitud y la explotación no se han abolido. Tan sólo se han puesto en nómina.

Como consecuencia de este contexto socioeconómico, cada vez más trabajadores detestan su empresa, no soportan a su jefe y odian su profesión. Lo cierto es que muchos están dejando de creer en la felicidad. Basta con ver la cara de la gente por las mañanas en los vagones del metro o en los atascos de tráfico. Algunos sociólogos afirman que padecemos una epidemia de “falta de sentido”, lo que a su vez está ocasionando una enfermedad psicológica, más conocida como “vacío existencial”. Debido a esta saturación de insatisfacción colectiva ya hay quien nos define como “la sociedad del malestar”.

Esta situación es especialmente alarmante en el ámbito de la consultoría, la auditoría y los grandes despachos de abogados. Lo curioso es que se trata de sectores donde, en general, los profesionales han tenido la oportunidad de estudiar en la universidad y de cursar un MBA en alguna escuela de negocios. Y no sólo eso. A diferencia de la mayoría, los jóvenes de entre 22 y 30 años de edad que ahora mismo pueblan los despachos de estas corporaciones han gozado del privilegio de elegir su carrera profesional.

A pesar de trabajar en conocidos edificios de oficinas y de vestir elegantes trajes y corbatas, son sectores profesionales donde la explotación está a la orden del día. En el contrato laboral de estos jóvenes ejecutivos se estipula que el horario es de nueve de la mañana a siete de la tarde, pero normalmente hay tanto por hacer que nadie se marcha antes de las nueve de la noche. En algunos casos, la jornada se alarga hasta las dos de la madrugada. Con el tiempo, muchos se acostumbran, como si no tuvieran alternativa.

Cuando las puntas de trabajo disminuyen, tan sólo los empleados más valientes se atreven a salir a su hora, siendo demonizados por sus jefes y ganándose, además, la desaprobación de alguno de sus compañeros. De ahí que prevalezca el calentar la silla, que consiste en quedarse sentado delante del ordenador haciendo ver que se trabaja hasta que empieza a irse todo el mundo a casa. Como antídoto contra el aburrimiento, muchos navegan y chatean durante esas horas muertas por las redes sociales, entre las que destaca Facebook. Están de cuerpo presente, pero de mente y corazón ausentes.

Otro rasgo en común de este ámbito laboral es la falta de ilusión, de motivación e incluso de interés por el trabajo que se desempeña a lo largo del día. Muchos profesionales reconocen que no saben cuál es su función ni su cometido, y otros, debido al cansancio acumulado, van literalmente arrastrándose por los pasillos. En general, muy pocos creen en lo que hacen. Pero siguen fichando cada lunes. Dado que no han descubierto cuál es su propósito existencial ni su vocación profesional, terminan atrapados en las mazmorras del conformismo y la resignación. No les gusta lo que hacen, pero tampoco tienen ni idea de lo que les gustaría hacer. Y esta falta de dirección y de sentido los mantiene anclados en el malestar.

Eso sí, desde fuera, su profesión es valorada, reconocida y respetada por la sociedad. Sin embargo, esta percepción social no tiene nada que ver con la realidad. Estos jóvenes ejecutivos malviven presos en jaulas de oro. Al no cuestionar su situación, ni atreverse a seguir su propio camino en la vida, son víctimas y verdugos de sí mismos, de sus miedos e inseguridades. Y mientras tanto, en los despachos de arriba, donde habitan los altos directivos que los controlan, hace tiempo que se les bautizó perversamente como “tontos útiles”.

Por un sueldo medio de entre 1.100 y 1.800 euros al mes -una miseria en relación con lo que sus empresas cobran a los clientes por sus servicios-, estos jóvenes entregan literalmente su vida a la corporación que representan. Algunos llevan quemados tanto tiempo, que terminan causando baja por depresión, abandonando este tipo de organizaciones por la puerta de atrás. Pero muchos se quedan toda la vida, subiendo un escalón tras otro por una escalera que creen que les conducirá al éxito y, en consecuencia, a la felicidad. Sin embargo, por el camino se pierden a sí mismos.

Desconectados de los valores que nos hacen verdaderamente humanos, finalmente llegan hasta la cima, donde son nombrados socios y remunerados con abultados sueldos. Y desde su nueva posición de poder imponen las mismas nocivas condiciones laborales a sus colaboradores, reproduciendo una cultura organizacional tan destructiva como carente de sentido. Para estos ejecutivos mañana todo volverá a comenzar. Y muchos de ellos, nada más reencontrarse en la oficina, se saludarán de forma breve, pero elocuente:

-¿Cómo estás?

-De lunes. ¿Y tú?

-Con ganas de que llegue ya el viernes.

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5 responses to “Los nuevos esclavos y la gente lista

  1. Euqirneto March 17, 2010 at 9:42 pm

    Gran artículo lleno de verdades, aunque se deja fuera el mundo de la ingeniería y seguro que muchos otros, que en esto de los proyectos también se meten horas extras “gratis” a dos manos.

    Últimamente hablo mucho de esto con la gente y hasta tenía planeada una entrada en el blog. Por desgracia me queda la percepción de que la mayoría acaba tragando, y que ya desde el principio nos comemos lo que nos echen.

    Soy becario y llevo menos de medio año en mi empresa, y ya me han llegado rumores de que alguno no ve bien que intente salir a mi hora del curro… Puto asco de gente sin vida.

  2. Paco March 19, 2010 at 8:13 am

    Pues está claro, si no te gusta hay que salir de esa empresa rápido.
    Yo tengo un amigo arquitecto que cuando salió de la escuela se fue a trabajar a Cuba, Brasil y luego a Guinea Ecuatorial. Gana menos dinero pero se le ve muy feliz en las fotos que manda. Es otra opción.

  3. txe March 29, 2010 at 10:10 am

    sí, mujé, este es uno de los psicólogos del pais semanal.

  4. chasingalmacigas March 29, 2010 at 5:07 pm

    desde que vivo en el extranjero se me hace más complicado compara el pais semanal…en cualquier caso, si se cruza con él por los pasillos de este, nuestro periódico global de noticias en español, dele la enhorabuena de mi parte por el artículo. Y mándeme un autógrafo, si puede.

  5. Eduardo April 8, 2010 at 6:57 pm

    Le pongo un 10 sobre 10 a tu articulo, EXCELENTE, demuestra la cruda realidad de la cosas, la verdaderar realidad que se esconde detras de trajes elegantes, corbata y maletin. Estamos en tiempos de cambio señores, hay que despertarse, TOMAR ACCION buscar nuestra Libertad Financiera, por que desafortunadamente aquel que siga pensando que estudiar y trabajar toda la vida para otro le hara rico…. Estara en serio problemas… Cuidense,

    Eduardo Cristaldo

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