Chasing Almacigas

I'm Camino Mortera, and I think and write on the EU, internal security, migration, counter-terrorism, Sundays in Berlin, yellow skirts and blue skies. In English, Spanish and (sometimes), French

Tres tristes domingos en Oviedo

Vi una foto de una actriz conocida, con los labios muy pintados y una peluca rubio platino y, no se por qué, me acordé de todos esos domingos tristes. La actriz no tendrá ni 25 años pero podría ser cualquiera de aquellas chicas Almodóvar, o Médem, o Coixet (en los últimos años) que me miraban desde las páginas tristes de la revista dominical de un periódico de provincias. Las que siempre contaban, con sus cejas mínimas y sus chaquetas rectas, cómo la suerte, o el azar, o la inspiración divina, las habían catapultado al éxito y la fama. Y se olvidaban, como sin querer, de recordar la cantidad de mierda que se habrían tenido que tragar por el camino, los momentos de incertidumbre y soledad, las dudas, el esfuerzo, los sueños que no se cumplieron. Así crecíamos los niños de provincias, llenando los domingos tristes con historias de revistas que siempre hablaban de gente que vivía en Barcelona y tenía casas de diseño. Esos otros mundos donde todo era más fácil y bonito y donde todas las actrices conseguían, al menos una vez en su vida, el papel principal. Creo que en todos los años que vinieron después, los domingos nunca han sido tan tristes como aquellos tristes domingos en Oviedo. Nunca supe si era la ciudad o era yo, el sol de las cinco de la tarde entrando por la ventana y nada mejor que hacer que leer aquella revista y soñar, leer un libro y volar, ver una película y volver a empezar, pero aquellos domingos sabían siempre a fin de era, a melancolía mal entendida y amargura prematura. El domingo era de todas formas el día que seguía al sábado noche y su programa de cine, y cualquier cosa que viniera después de eso tenía que estar forzosamente mal. Yo siempre quise que algún periodista con nombre catalán escribiera sobre aquella mañana que cambió mi vida y cómo de importante era que el lector se quedara con mi cara, porque “iba a dar mucho que hablar”. Yo soñaba con salir en aquel programa de radio, que mi última película fuera diseccionada por Teófilo el Necrófilo y María Guerra. Pensaba que así, los domingos nunca más serían tristes, porque, al fin y al cabo, uno de cada dos domingos habría una entrega de premios en algún lugar del mundo y bebería champán y todo el mundo me diría lo divina  que era. Quince años después, todo eso no ha pasado pero he conseguido ganarle el pulso a los domingos. Qué importa que lo haya hecho a base de gintonics y cervezas, el caso es que los domingos ya no tienen ese poso de amargura y de revista de finales de los 90. Hasta que llega esa actriz tan guapa en su foto tan retro y lo jode.

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